
Viernes 15 de febrero del 2008
La bolsa estaba cerrada por la parte superior, por un hilo dorado que ella cuidadosamente, quitó. Metió la mano dentro y Sacó un pequeño libro, de tapas de cuero, con algunas hojas sueltas…. Se notaba que era algo muy antiguo, algo que había pertenecido a su familia desde hacia muchas generaciones.
La portada del libro rezaba unas palabras en dorado:
“Contra toda oscuridad, la plata relucirá, cuando todo se repita los demonios de la luna dominaran y tan solo sucumbirán ante un argent.”
Debajo de aquellas palabras aparecía el nombre de Meredith Argent, salvadora de todo.
Mía abrió el libro y vio muchas páginas escritas a mano, sin apenas ilustraciones y con fechas en la parte superior. Aquello era un diario.
La única ilustración que aparecía era la de una mujer que se asemejaba a ella, más mayor con una espada ensangrentada en una mano y una piel de lobo sobre sus hombros. Su mirada era dura y le recorría un escalofrío cada vez que la veía con fijeza. Mía iba a empezar la lectura de aquel extraño diario, cuando alguien llamando a la puerta de su casa, la sobresaltó. Ella cogió el diario, lo guardo rápidamente en la bolsa de cuero que lo había envuelto, y lo metió en su bolso. Era un bolso rojo y grande como a ella le gustaban, se lo había regalado su madre.
Después de esto, con la mente aún algo turbia, fue a abrir la puerta. Seguía viendo la ilustración de aquella mujer y seguía sintiendo un escalofrío muy fuerte solo de pensar en aquella frase: “…los demonios de la luna dominaran…”
Al abrir, se encontró con Laura y Cristina. Ellas habían aprendido más rápido el camino a su casa que ella misma, y allí estaban, de pie mirándola con una sonrisa en los labios.
Laura era una chica risueña, con el pelo rubio y cara de muñequita, parecía frágil, pero lo que la gente no sabía es que era mucho más fuerte e inteligente de lo que quería aparentar. Y la verdad es que lo conseguía, a ella la engañó, cuando la conoció.
Cristina en cambio parecía una chica más seria y tranquila, aunque nada es lo que parece a esas edades. Tenía el pelo rizado y pelirrojo, se podía decir que era guapa, aunque unas pequeñas gafitas, estropeaban un poco su jovencita cara y le daban un aspecto más de “empollona”, aunque sólo era una máscara, podía llegar a ser la más descarada del grupo cuando se lo proponía.
Hoy les tocaba irse de comida por Toledo, habían quedado la semana pasada y Mía ya no se acordaba. Es más, no disponía de mucho dinero en metálico, tendría que pedirles algo a sus padres cuando llegaran.
- Hola Mía, por lo que veo no te acuerdas de las amigas eh? – dijo Cristina mientras le quitaba importancia con un gesto – no importa, coge lo que tengas que coger que nos vamos.
Por lo visto, su cara era transparente, se ve que la sorpresa se veía claramente reflejada en su rostro.
- Hemos quedado también con Marco, espero que no te importe – susurró Laura por lo bajo, con un tono cómplice – es un poco payaso, pero es un chico simpático y sus padres tienen bastante dinero, con suerte puede que nos invite a comer.
Así que tendría que aplazar su interés… o tal vez ellas pudieran ayudarla...