Mía y el secreto familiar - Capitulo 2



Mía cogió su abrigo, ya que hacía mucho aire y era demasiado friolera, le venía algo ancho y estaba forrado con piel y pelos  de animal, a ella le encantaba y lo tenía como un recuerdo de los inviernos duros que había pasado junto a su familia, se puso las botas de cuero y la bufanda que le había regalado su madre la pasada semana.

-          Ya estoy lista, ¿vamos?
-          Si, vámonos ya, que  Marco nos estará esperando.- Dijo Laura  riéndose.

Salieron de la casa y se pusieron en camino a  una pequeña cafetería en la que habían quedado. Por el camino Mía les contó a Laura y a Cristina lo de aquel diario polvoriento, con el lema de su  familia y aquellos extraños dibujos, dibujados en plata minuciosamente, en la portada.

-          Haber déjame que lo vea - dijo Cristina muy interesada.
-          Toma, pero ten mucho cuidado, parece que es antiguo y es muy importante para mi familia.
-          ¡Tranquila lo protegeré con mi vida! - se empezaron a reír las tres amigas.

Mía lo cogió de su bolso, le quito la bolsa de cuero y se lo dejo a su amiga. Las tres se quedaron en silencio, embobadas observando el diario. Laura fue la que rompió el silencio, leyendo el lema grabado a fuego en la portada del libro, en voz alta.

<<“Contra toda oscuridad, la plata relucirá, cuando todo se repita los demonios de la luna dominaran y tan solo sucumbirán ante un argent.” >>

-          Joder Mía, que mal rollo. ¿Qué quiere decir “cuando todo se repita"?. ¿Que se repita el que?
-          No lose, pero tengo ganas de averiguarlo. Supongo que será el diario de un antepasado mío - dijo Mía con firmeza.
-          Yo conozco a un historiador amigo de mis padres que quizá te pueda ayudar, se llama Henry y ahora está trabajando en la catedral, Santa María de Toledo –dijo cristina con aires de superior.

Mía se quedo pensativa, quería averiguar todo sobre aquel diario, pero habían quedado ya con Marco y no lo podían dejar tirado.

-          De acuerdo tu ganas Cristina, comeremos con Marcos y luego iremos a ver a Henry el amigo de tus padres haber que nos puede decir sobre el diario. ¿vale?-dijo Mía suspirando.

Pasaron las horas rápidamente en compañía de su amigo Marco, se rieron bastante y estuvieron bromeando casi toda la tarde con el diario y metiéndose un poco con Mía, a ella no le importaba porque sabía que lo hacían cariñosamente y de buen rollo.
Cuando acabaron la comida Cristina, Laura y Mía se despidieron de Marco, le dijeron la verdad, que iban a ver a un historiador amigo de los padres de Cristina para ver que les podía decir sobre el diario.

Estuvieron andando entre las retorcidas calles de Toledo, estrechas y muchas sin salida, un completo laberinto para quien no se las conoce.
La catedral se encontraba en la zona turística, en el casco antiguo por lo que tuvieron que recorrerse casi toda la ciudad de punta a punta hasta llegar a su destino.

La catedral data del año 1226 cuando “Fernando III El Santo” mando su construcción. Se alargó  hasta el 1446, momento en que se terminaron de construir las bóvedas de la nave central. Se trata de una arquitectura gótica. La catedral por dentro Consta de 5 naves, todas ellas cubiertas con bóvedas de crucería y estrelladas.

Uno de los guardias que se encontraba en la puerta, condujeron a Mía y a sus 2 amigas, Laura y Cristina hacia la capilla mayor donde Henry se encontraba.
Henry era un hombre mayor de unos 50 años que inspiraba confianza, “la suficiente para que Mía le enseñara el diario”. Era un hombre muy reservado, no solía hablar ni relacionarse mucho con la gente, él prefería fundirse en la lectura y en los mundos que te proponían los libros. Aquellos libros de historia, sobre guerras pasadas y leyendas no muy fiables ni fáciles de entender.  
A Cristina y Laura todo aquello le parecía una tontería, según ellas decían << lo pasado, pasado está y nada vas a poder cambiar>>. Mía lo sabía y por tanto no decía lo mucho que todo aquello le gustaba, no quería parecer la chica rara del grupo que lee historia y libros “aburridos”.

-          ¿Hola Henry te acuerdas de mí? – dijo Cristina en voz baja. Henry se giro y miro hacia las 3 chicas, pensando…  Al fin rompió el silencio. – Ah, hola Cristina que tal están tus padres, hace ya tiempo que no sé nada de ellos.
-          Bien la verdad, ahora mismo están en casa pero no vengo por ellos, he venido a verte para ver si podías ayudar a mi amiga.
-           Hola Henry me llamo Mía argent – << Henry se sobresalto, el rostro se le puso pálido y le reflejaba respeto. >>  - mi familia y yo somos nuevos en la ciudad, he venido porque he descubierto un pequeño diario, pienso que es de mi familia y quería saber que me podías decir sobre él, parece muy antiguo. –Dijo Mía interrumpiendo a Cristina.
-          Haber déjamelo que le eche un vistazo. – dijo Henry volviendo a la normalidad.

Mía lo sacó del bolso rojo que tenia y se lo dejó a Henry, estaba ansiosa de averiguarlo todo sobre aquel extraño libro. Las 3 amigas se quedaron en silencio a la espera de que Henry inspeccionara el diario. 

– Si, tienes razón es muy antiguo, pertenece al año 1500 D.C más o menos, basándome en la escritura y en los materiales de los que está compuesto el libro.
Había oído leyendas sobre estos diarios pero no sabía que eran ciertas. Este libro según cuentan las leyendas, el apellido Argent se remonta a varios siglos atrás. Adquirió sobretodo renombre en la edad media, sobre el año 1500 D.C.  El origen de tu apellido, Mía, se remonta a esta fecha. Las primeras apariciones tuvieron su origen en Francia, en pequeños pueblos del interior, en pleno apogeo  de la caza de brujas. Antes de esta fecha, el nombre de tu familia no existía, apareció de la nada.
Henry carraspeó un poco y continuó con su análisis.

-          El último Argent del que tenía constancia hasta ahora, fue de Elisabeth Argent, una antepasada tuya, Famosa.  No sabía nada de su linaje hasta que has traspasado la puerta de esta catedral y os habéis presentado ante mí, y cual es mi sorpresa que me traes aquello que un historiador como yo, mataría por tener, “El diario de Elisabeth Argent”

Mía estaba confusa, acababa de descubrir que de alguna forma su familia formaba parte de la historia y que alguien la conocía. Esa parte que sus padres siempre se habían dedicado a ocultarle, ahora estaba a su alcance gracias a ese extraño personaje.

-          ¿Porque es famosa Elisabeth Argent?¿Qué hizo?
-          Esa es una pregunta compleja querida. Si utilizas el vocablo famosa con las mismas connotaciones que pueda tener en nombres como los reyes católicos, Colón, Albert Einstein o Edison, no, no fue famosa. Si utilizas este término desde el punto de vista de un erudito de tiempos recónditos, de un investigador de las historias perdidas de la humanidad, puedo decirte Mía, que Elisabeth Argent fue una de las mayores heroínas que han existido en toda la faz de este planeta, y que anónimamente, sabiéndolo solo unos pocos entre los que me siento afortunado de pertenecer, saben que hizo este personaje por todos nosotros. Posiblemente el mundo nunca habría existido como lo conocemos sin la existencia de Elisabeth Argent.
-          Ufffff, joder Mía, te nos has hecho importante en un momento – dijo Cristina entre risas
-          Chicas, ahora tengo trabajo y me gustaría echarle un vistazo al libro con tranquilidad, sino tienes inconveniente Mía, deja que lo lea con detenimiento y mañana puedo comentaros algo de ello.
Mía lo miró con recelo, quería saber cosas acerca de Elisabeth, quería saber que le ocultaba la historia, pero algo le decía que no se separase de ese libro, quería leerlo, ella primero, quería volver a aquella época de caos y saber que pasó. Así que amablemente Mía habló.

- Henry, preferiría echarle un vistazo yo primero, si quieres te lo traigo mañana o cuando tengas un poco         más de tiempo y lo leemos  aquí juntos y me cuentas más cosas sobre el tema. Acabo de encontrarlo y necesito leerlo.

El historiador durante un momento pareció fruncir el ceño y mirarle con unos ojos acusadores y oscuros, pero, fue solo un momento. Simplemente bajó la cabeza y asintió con un gesto.

-          De acuerdo, como tú veas.  Vente mañana por la tarde, a eso de las seis que estaré sólo y desocupado, así podremos dedicarle un tiempo a la lectura sin interrupciones. Te contaré todo lo que se sobre el tema. ¿Estás de acuerdo?

Mía asintió, contenta y con una pequeña sonrisa, por todo lo que acababa de descubrir.